By / 14th Abril, 2015 / Rutas / Off

DESNIVEL: 500 metros, entre 345 y 845 metros de la cota máxima. DURACIÓN: Cuatro horas y media. DIFICULTAD: Media, por su duración y desnivel. ÉPOCA RECOMENDABLE: Todo el año, aprovechando que cada estación ofrece matices distintos del paisaje vegetal.

Descripción general de la ruta: El hayal de Aloños, pese a su reducida extensión, mantiene los caracteres típicos de estos bosques húmedos de hoja caduca. Además, la parte alta del recorrido, ofrece amplias perspectivas sobre el valle del Pisueña, y sobre las montañas pasiegas. Partimos de Aloños,un núcleo de la montaña cantábrica, de reducida extensión, en el que las formas de poblamiento se ajustan a un modelo de formación en barrios, derivados de la alineación de unas pocas viviendas orientadas siempre a la solana. Alrededor del pueblo se intuye la distribución tradicional del terrazgo. Aprovechando las zonas de menor pendiente se disponen algunos huertos, y a continuación, a modo de anillos semicirculares, los prados, y los espacios de monte. Casi todo el espacio fértil se explota como superficie pastable, en fincas de reducida extensión. Ahora la economía de Aloños, como en el resto del Municipio, gira en torno a las explotaciones ganaderas. Las únicas variaciones introducidas en las fórmulas tradicionales de organización del terrazgo, se derivan de un menor peso del uso común de los espacios de monte en beneficio de los cerramientos individuales de tipo pasiego, que llegaron aquí mucho más tarde que al núcleo central de la pasieguería. El hayal de Aloños, como se conoce según la toponimia del lugar, es una buena muestra de bosque autóctono cantábrico de hoja caduca. Por su interior discurre el río Junquera, un breve arroyo de caudal escaso, que drena las aguas de esta ladera hacia el Pisueña. Sobre el sustrato calizo, las condiciones del suelo son de cierta permeabilidad, por ello la escorrenta superficial no alcanza valores notables a pesar de las elevadas precipitaciones. Sin embargo, el modelado que genera el arroyo a su paso por el bosque se asemeja al de los torrentes de montaña, lo que indica que sus caudales máximos, relacionados con periodos de lluvia intensa, resultan muy importantes. La ruta comienza en la plaza del pueblo, junto a la Ermita de San Fructuoso y la torca. Es ésta una gran cavidad de origen kárstico, formada por disolución del sustrato calcáreo, que mina gran parte del valle y que, según la leyenda, fue morada del santo. Nos dirigimos hacia el Sur entre dos hileras de casas. Abandonamos después el pueblo por una pista asfaltada que serpentea entre colinas labradas caprichosamente por la acción fluvial. Ganamos lentamente altura y penetramos en el hayedo por un camino de herradura que lo bordea hacia el Suroeste por su parte inferior. Algunos acebos, que se reconocen con facilidad por sus hojas lustrosas y planas, de tono oscuro y borde espinoso, orlan el bosque, algo que resulta común en los hayedos cantábricos. A medida que penetramos en la masa arbolada y ganamos altura, los ejemplares de gran porte son más habituales y el bosque se hace más denso. El camino discurre por el interior del hayedo describiendo una amplia curva ascendente, atravesando dos cursos que inciden en sendas debilidades estructurales y dan lugar a formas de modelado de carácter torrencial, saltos y pequeñas cascadas, sobre el sustrato calcáreo. En el punto más alto del camino, abandonamos la senda. Ascendemos ahora hacia el Suroeste, para alcanzar el cordal a unos ochocientos metros de altitud donde el hayedo da paso a una parcela de repoblación de pinos que cubre la parte culminante de la ladera, ya en la vertiente al Pas. Desde aquí caminamos hacia el Noroeste ascendiendo por una senda entre pinos, que bordea dejando a su izquierda la cima de La Coronilla. Alcanzamos después el Cotero de Los Lobos, una zona de matorral herbáceo dominada por el tojo, y finalmente, a 845 metros, la cumbre del Tablao. La panorámica desde la zona culminante del cordal resulta espectacular, en primer plano, el fondo de valle del Pisueña, y el valle del río de Llerana que alcanza el cordal divisorio con el Miera en Carcabal. Detrás, el macizo de Enguinza, hacia el Nordeste, y al fondo, la línea de cumbres que une Porracolina con el Picón del Fraile en el macizo del Alto Asón. Por último, la mole caliza del macizo de Valnera hacia el Sudeste, que destaca por su altura en el conjunto de las montañas pasiegas. El regreso se hace por el mismo camino, aunque puede aligerarse si se desea, evitando el circuito por el interior del hayedo. Tomamos la senda que bordea el bosque por el sector occidental.